Con el auspicio de

Con el auspicio de
Fundado en el año 2000. Auspiciado por L´Institute du Champ Freudien y el Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París VIII.

sábado, 30 de octubre de 2010

JORNADA “De la queja al síntoma contemporáneo” La frustración en la demanda y la subjetividad contemporánea. Sábado 6 de Noviembre de 2010 10hs.

En la época del empuje al goce, del desajuste del significante del Nombre del Padre y del Otro fragmentado nos encontramos en nuestra práctica con fenómenos nuevos: sujetos que demandan por sufrimientos que comprometen su cuerpo tal como la bulimia, anorexia, obesidad, y otros que se constituyen como intentos de resolución imaginaria de hacer con la angustia. Estos intentos de resolución, siempre ineficaces, se presentan acompañados por una búsqueda vehemente de la completud del yo a través de objetos de satisfacción, produciéndose una exigencia pulsional que, inevitablemente, lleva al encuentro con un imposible estructural cuyo efecto es la frustración. Esta particular relación a la falta plantea dificultades para un tratamiento por lo simbólico que abra la vía para una constitución del síntoma, como una manera de saber hacer con “eso que vive al sujeto”, con la pulsión.

En el marco de las jornadas que venimos realizando invitamos a reflexionar sobre este concepto de frustración, presentado por Lacan como una de las tres formas de la falta de objeto, que nos convoca a pensar una nueva configuración de la clínica. Continuaremos con la apuesta de interrogar la propia práctica analítica dando espacio a la discusión clínica a partir de viñetas y casos.

Invitado:

Lic. Esteban Klainer: Miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (E.O.L.) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (A.M.P.) Secretario de Investigación Departamento Toxicomanía y Alcoholismo (EOL).

Lic. Marcos Pelizzari - Lic. Luciana Varela - Lic. Paula García Barberena

E S P A C I O P S I C O A N A L I T I C O P A M P E A N O


miércoles, 27 de octubre de 2010

J O R N A D A “Síntomas actuales, viejas angustias” (21 de Agosto de 2010) Desgravación corregida y ampliada.

Marcos Pelizzari: Buenos días. Es un placer volver a realizar una jornada de trabajo. Desde Espacio Psicoanalítico Pampeano venimos realizando jornadas hace ya dos años en el marco de lo que hemos titulado “Patologías del discurso contemporáneo”. Nuestro trabajo responde a la interrogación que surge de nuestra propia práctica, de la clínica del caso por caso. De esta manera se ha instalado como eje de trabajo la conversación clínica que abrimos a la reflexión y discusión a partir de los casos que venimos presentando.

La invitación de hoy es para continuar la reflexión en la misma línea de trabajo. Hemos elegido el título “Síntomas actuales, viejas angustias” considerando los síntomas actuales como efectos del discurso contemporáneo. En esta dirección venimos trabajando en relación a aquellos síntomas nuevos que aparecen como sin articulación posible, sin ligadura, en los que el significante del Nombre del Padre resulta inoperante. Esto da para repensar la cuestión diagnóstica y la orientación clínica, ya que vemos aparecer posiciones subjetivas, características del discurso universitario en el que el Todo saber comanda, con particularidades nuevas que hacen a una cierta fragilidad del lazo social. Esto es sólo una primera aproximación en la que podremos extendernos con la presentación del caso y la discusión clínica. Delfín Leguizamón nos hablará hoy acerca del síntoma para hacer un recorrido en la construcción teórica freudiana y la lectura de Lacan. Seguramente no agotemos este tema hoy, en todo caso seguiremos en una próxima jornada. Luego haremos un breve receso y pasaremos a escuchar un caso clínico muy interesante que nos trae la Lic. Luciana Varela a quien ya conocen, y a quien ya podemos considerar, quines viene asistiendo a estas jornadas, como nuestra presentadora oficial de casos (risas). Paso entonces la palabra a Delfín:

Delfín Leguizamón: Buenos días, gracias por estar acá. Mi agradecimiento a Espacio Psicoanalítico Pampeano por volver a invitarme, no se cansan parece… (risas). Yo me olvido lo que dije la vez pasada, con lo cual es probable que me repita, pero por ahí como ustedes no tienen tanta memoria capaz no se acuerdan lo que dije (risas).

Sobre Referencias en obra de Lacan, ya que hay gente de letras, Lacan en sus seminarios, en su enseñanza, tiene una manera especial de transmitir, que es utilizando, recursos permanentes al arte, a la literatura, a la filosofía, a la pintura. Tiene unas referencias que verdaderamente, Lacan que era un personaje de una cultura enorme, ha hecho un uso muy exquisito del arte. En esas revistas se ubican las referencias que el toma porque es una manera que él tiene de trabajar la transmisión del psicoanálisis. Porque para Lacan la transmisión del psicoanálisis no pasa por la manera universitaria. Desde la forma universitaria, desde el discurso universitario, la transmisión del psicoanálisis es un imposible. Es por esto que intenta hacer otra cosa. Es un poco lo que nos proponemos nosotros, poder hacer una transmisión del psicoanálisis desde otro lugar y no desde la forma universitaria de saber un poco totalizado del que habla. Lacan en su mismo seminario lo que plantea es que él esta ahí como analizante. Frente a su público hace medio una exposición griega en donde el público es el coro que le va a devolver su discurso y lo sostiene. Entonces en el trabajo que hace, Lacan va a conceptualizar la teoría y la clínica psicoanalítica sostenida por su práctica, su práctica tanto en el seminario como en su consultorio. Bueno, nosotros venimos trabajando en esa misma tensión. Lo que hemos venido trabajando es en relación al discurso universitario en contraposición al discurso analítico y cómo pensarlo.

Hoy, vamos a referirnos al síntoma. Dividimos la charla en dos partes. Voy a leer algo sobre el síntoma, luego el caso de Luciana. Vamos a conversar sobre esto pero es necesario que tenga ese sentido, un seminario de participación y trabajo, así que los que quieran participar y tengan ganas por favor háganlo y los que no quieran participar y no tengan ganas van a ser obligados… (risas ) eso es para que se tranquilicen ( risas).

El síntoma freudiano estuvo aferrado al padre. Es el síntoma sostenido en el reino del sentido, un mensaje cifrado para Un Padre, el nombre del padre que en su función imposible se dirige a unir el deseo y la ley. Lacan nos advertía de la degradación del padre en su función, nuestra época esta signada por su reducción y los efectos de su decadencia en la subjetividad de la época. Lo leemos en los síntomas contemporáneos, los nuevos síntomas como paradigma del rechazo al saber. Nuevos síntomas que no piden su descifrado, solo muestran su salvaje condición de goce y el retorno devastador de la angustia. Freud en su primera teoría del síntoma lo define ligándolo al sentido. Lacan toma la posta de Freud y articula la teoría psicoanalítica, con conceptos que provenían de otra rama del pensamiento como la lingüística, la antropología, la filosofía, la literatura. Construye por ejemplo los conceptos palabra plena; lo simbólico como mediador frente a la ferocidad de lo imaginario. La relación a la lingüística le permite a lacan el desarrollo de los conceptos de metáfora y metonimia donde el síntoma es entendido como un mensaje que llama a la interpretación. En la época donde el síntoma esta articulado al mecanismo significante y al efecto de sentido, esto se produce a nivel de la metáfora. La última enseñanza de Lacan apunta a entender el síntoma en otra dirección, el síntoma como una creación -donde lo que se asoma es el síntoma como un agujero en la dimensión del sentido- dándole una relación de nominación. Es decir, el síntoma obtenido no sólo ya como un problema que denuncia lo que no marcha sino, el síntoma como lo que marcha para un sujeto. Para freud el síntoma aparecía como la manifestación misma del inconsciente referido siempre a la configuración edípica, es decir en relación a la castración. Para Freud mismo el síntoma era el inconsciente puesto en acto, sin otra intervención. Con Lacan sabemos cómo la castración se inscribe en un sujeto. Es por el efecto del significante Nombre-del-Padre, que se “inyecta” al sujeto la castración y el falo como regulador del deseo de la madre desmedida. El síntoma para Freud tiene la función de revelar al sujeto una verdadera manifestación de su insatisfacción sexual, y los casos freudianos los revelan concretamente. Tenemos el ejemplo de la dificultad de Isabel de R (Elizabeth von R.) un caso famosos de Freud. Había en ella una dificultad: no poder dar un paso más, donde se escondía el valor sexual del asunto. El padre apoyaba sus piernas sobre las piernas de Isabel y ella se las acariciaba, y en términos de una banca rota del padre, la familia de Isabel entra en crisis y no pueden dar un paso más. Así Isabel comienza a no poder caminar. La lectura de Freud es muy concreta: un síntoma está denunciando una cuestión absolutamente ligada al inconsciente y un sentido rápidamente descifrable por Freud. El efecto del desciframiento era que el síntoma se levantaba. En otro caso la señorita Lucy? padece una neuralgia facial luego de ser gravemente ofendida por el marido. Ella relata a Freud que esa ofensa fue para ella como una bofeteada. Es decir, en el desarrollo freudiano, el síntoma mostraba claramente el inconsciente. Freud con la cuestión del contenido sexual de esos síntomas, unido a la identificación que daba en cierta relación con esos semblantes paternos o del nombre que la sostenía, encontraba su sentido.

Al comienzo de las investigaciones Freud define a los síntomas como la vida sexual de los sujetos. Las complicaciones aparecen cuando en su práctica se encuentra con que los mismos síntomas que inhibían a esos sujetos deciden hacer descifrados. Encuentra entonces lo que será fundamental para la teoría, el más allá del principio del placer. El concepto de goce tiene allí su impronta, orienta la cuestión del síntoma como una formación del inconsciente. Con la lógica del padre se formalizan los síntomas. El síntoma en la tópica freudiana, en la primera tópica freudiana, está ligado a la angustia. Es la angustia la que provoca la defensa bajo la forma de los síntomas. Pensemos en Juanito por ejemplo, la angustia de castración provoca un síntoma que lo salva del encuentro con el caballo de casa. Juanito, todos lo conocen. El caso freudiano Juanito era fantástico. Juanito tenía una fobia respecto de los caballos porque el caballo era un personaje muy... Primero la época, porque era un lugar donde estaba rodeado de caballos, era el modo de movilidad, es como tener ahora una fobia respecto de los autos. El auto que pasa por todas las casas y el sujeto no podría salir porque pasan autos. Pero lo que dice Freud, es que el síntoma le permite a Juanito hacer un tratamiento del encuentro con la castración insoportable. La solución entonces es la de una fobia ubicada en el caballo y no en toda la vida. Se trata de la articulación del síntoma al sentido. Para Freud el síntoma siempre tiene un sentido a develar. Es decir el síntoma es un cifrado inconsciente que refleja una condición sexual insatisfecha pero que en el síntoma y su articulación encuentra una vía de satisfacción. Y es por eso que hay una diferencia entre lo que es un síntoma y un lapsus porque el lapsus tiene esa condición de fugitivo, de fugaz, aparece y desaparece. En cambio el síntoma tiene una pregnancia en el sujeto y una continuidad. Un síntoma es algo que se instala y continúa en ese sentido, en esa satisfacción. Para Freud, la satisfacción sexual que no se encuentra por la vía supuestamente normal aparece o retorna en el síntoma. Por eso plantea que la sexualidad de los objetos está también en el síntoma. Entonces se trata de la articulación del síntoma al sentido. El síntoma produce goce y produce goce en el punto del sentido. El sentido produce goce y para Lacan se produce lo que él mismo llama la fuga del sentido. Es decir, en la conceptualización freudiana del síntoma, el síntoma adquiere la categoría de cifrado. Cifrado que merece un descifrado. Lacan advierte que en ese sistema hay algo que se pierde, y le va a cuestionar a Freud en que el cifrado del síntoma provoca el descifrado del psicoanalista pero que el descifrado del psicoanalista es un nuevo cifrado del síntoma, cifra nuevamente en el sentido. Entonces Lacan empieza advertir que eso genera cierta cuestión de lo interminable del psicoanálisis, porque el inconsciente tiene esa manera, cifra sentido, descifra y vuelve a cifrar. Y lo tenemos con los sueños. El sueño, ya Freud lo planteaba, es la interpretación misma. Freud decía uno sueña y cuenta el sueño, ya el relato de ese sueño es la interpretación misma del sueño. Cifrado, descifrado, cifrado, descifrado sin posibilidad de ruptura. Lacan empieza a advertir entonces que de alguna manera de lo que se trata, para poder precipitar una conclusión del análisis, aparece en otro lugar. No en la vía del puro descifrado del síntoma sino en la vía del descifrado del síntoma se produce algo más que es una fuga de sentido. Una fuga del sentido, es decir algo que en el sentido no puede captar todo lo del síntoma. Esa fuga del sentido comienza a tener un peso fundamental. Lacan tenía una referencia muy fuerte con el arte, Freud también. Todas las escenas de Freud caminando por las ruinas griegas es… ver esa destrucción… y todas las referencias al arte, freudianas y lacanianas, muestran ese efecto de que también, frente a la obra artística, hay algo de la belleza pero que hay algo que se escapa. Lacan lo plantea muy bien. Hay algo de angustia frente a lo artístico. Cuando uno está frente a una obra demasiado bella se producen efectos de sinsentido. Hay obras artísticas que han sido dañadas por sujetos que han confesado luego su absoluta devoción. Ir con un martillo y romperle el dedo al David… hay que hacerlo. Pero es que algo se ha vuelto un poco insoportable, un punto de angustia en esa relación. Lacan esto también lo trabaja con la poesía, en donde la poesía plantea justamente esa condición de un sentido que se fuga y habla que el poeta cuando escribe no sabe lo que dice. Pero bien, después lo retomamos.

El sentido produce goce. Gozamos de ello y para Lacan se produce lo que él mismo llama la fuga del sentido. Es decir, algo que en el contexto se escapa, algo que cae fuera de los desfiladeros del sentido. Un real sin ley. De allí que importa para Lacan, y para el psicoanálisis, el sentido de la contingencia. Porque allí en la contingencia se pierde el sentido y aparece una posición que tiene que ver con esa cosa del sentido gozado y el sinsentido. La contingencia, es decir fuera del automaton, algo que se encuentra y que sorprende al sujeto, algo que está fuera del cálculo de lo posible. La clínica clásica se hace sostenida en la articulación del síntoma en el nombre del padre. Tanto síntoma como NdP son usados como metáfora. En tanto el síntoma viene a decir en la significación sexual escondida, como proceso de su represión, es una metáfora de lo otro; y el NdP también es una metáfora sobre la articulación del deseo de la madre. La metáfora paterna, en su función en la escena edípica, primero construye la escena y metaforiza. Es decir, sustituye la arbitrariedad del deseo de la madre fundando la ley. Desde el síntoma, un significante metafórico, jeroglífico, con un sentido aprisionado que busca en su insistencia, su repetición, hace emerger su verdad allí donde el saber falla. La sucesión del síntoma en el NdP realiza entonces una operación metafórica en el punto donde el saber falla. El saber… ¿a qué saber se refiere?, es el saber del sujeto frente a lo que no puede tener del todo una inscripción: el ser humano y su sexualidad están disyuntos. La sexualidad del ser humano no tiene la posibilidad del encuentro con el otro. Ya los griegos lo sabían ¿no? En el Banquete Platón habla del discurso del Aristófanes y dice que es el único que habla del amor en el Banquete. Aristófanes plantea un mito donde había unos seres redondos, que generaron a los dioses una tremenda envidia y entonces los dioses los partieron a la mitad generando de cada uno de esos seres, dos seres. Y esos seres partidos a la mitad se buscaban permanentemente. De allí sale Platón con la idea de la media naranja o de completarse en el otro. Pero en ese punto lo que aparece es que no hay posibilidad del encuentro entre uno y otro. Esto ya está en Freud con la idea de no hay inscripción de la vagina en el inconsciente, no hay inscripción de la muerte. Pero Freud no avanza en esa articulación de algo que no termina de conceptualizarse, sino que es Lacan es el que comienza a trabajar en una construcción teórica que llega a una definición: la relación sexual no existe. Es un punto absolutamente inconmovible y caro para el psicoanálisis ¿Qué quiere decir eso? Es bastante complejo porque está en distintos momentos de la obra de Lacan y en la última etapa eso adquiere una dimensión inusitada.

Entonces la asociación del síntoma y el NdP se realiza en esa operación metafórica. Con esa operación Lacan pasa del mito freudiano del padre a la estructura, tomando al padre como función. Para Lacan el síntoma y su correlato de sentido comienza a desligarse del Otro, teniendo su correlato con el goce. El síntoma como modo de goce inconsciente denuncia la verdad del amo que está castrado. La relación fundamental entre el goce y el NdP se resume en la fórmula donde el NdP es un instrumento para resolver el goce mediante el sentido. Así, con la metáfora paterna, Lacan reúne el mito freudiano de Tótem y Tabú, el padre como muerto, el Edipo y el complejo de castración. El NdP como instrumento metafórico es el significante que en el Otro, Otro como lugar del lenguaje, tiene la función de un basta que liga el significante y el significado, liga el deseo y la ley, lo simbólico y lo imaginario. Es lo simbólico que al mortificar al goce lo hace pasar al significante. Un Otro del significante en tanto que ocupa el lugar de la Ley.

Con todo su trabajo del Nombre del padre Lacan genera un efecto muy importante porque el mito de Tótem y tabú con el desarrollo de la antropología, los trabajos del estructuralismo de Levis-Strauss y todo lo que venía en ese sentido (hay un texto sobre la estructura de los mitos y demás) donde el mito freudiano adquiere tiene una circunstancia insostenible de la manera que la plantea Freud. Lacan al leer esto con los elementos que le da el estructuralismo de Levi-Strauss sobre el mito, puede armar otra manera de pensar el mito freudiano. Lacan tenía un hermano jesuita, y su seminario estaba lleno de jesuitas, lleno de curas que estaban encantados porque venía un psicoanalista a decir, no que los niños tienen satisfacción sexual sino, que hay un Nombre del Padre que puede poner un freno al desvarío loco del sujeto. A ese Nombre del Padre podemos dar rápidamente el nombre de Dios. Lacan no tiene ningún problema con Dios, dice Dios es inconsciente… y hay que curarse del inconsciente (risas). Dios es inconsciente con lo cual el Nombre del Padre le venía muy bien. Luego hace algún lío con el Nombre del Padre y la ocurrencia del amo… (inaudible) ... (Risas). Algunos de ellos se casaron así que parece los empeoró… no sólo les sacó el … (inaudible) … de encima sino que les puso un problema más serio. (Audiencia) –Y, la mujer… (Risas). – Un síntoma diría Lacan.

Con la escritura del Otro tachado Lacan nos conduce a la pluralización del Nombre del Padre a la altura del Seminario IX. En todos los seminarios anteriores hablaba de la metáfora paterna, si bien era una metáfora había Un padre, un padre que podía decir que no. En el seminario “Los nombres del padre”, donde introduce la pluralización de los nombres del padre, del cual hay una única clase porque después es echado de la Asociación Psicoanalítica (IPA) de la que pertenecía, lo que muestra justamente es: no voy a poder contarles lo que es la pluralización del nombre-del-padre. Pero genera para la dirección de la cura un concepto absolutamente distinto de toda la clínica. Con la pluralización del nombre-del-padre, el nombre-del-padre deja de ser el significante de la ley para pasar a ser un nombre más. O sea no es solamente a partir del nombre-del-padre que se une la ley al deseo sino que es un nombre más, un nombre propio que es un nombre muerte. Empieza a trabajar la cuestión del nombre propio y empieza a pensar al nombre propio como un significante amo que condenan al sujeto y el nombre propio como un nombre de muerte porque es el que nos va a representan en la tumba ya que es en el único lugar en el que el nombre propio se verifica como tal. En todos los otros lugares el nombre propio no es tan propio, genera un efecto de desidentificación-identificación, lo vamos a ver en el caso de Luciana el efecto del nombre propio y su negación. Pasa entonces del nombre-del-padre-hay-uno-que-dice-que-no -eso es el padre para Lacan, el padre como freno real a la locura del deseo materno- al padre como función, una función de metáfora, el padre como funcionario, el que quiere hacer que la cosa funcione; como un significante amo que ordena y que en su función metaforiza y regula el deseo en la ley. Y cuando cumple la función se libera de la función como funcionario. O sea que sería una buena manera de pensar la paternidad. Los padres que se angustian, que desvarían y no saben qué hacer con sus hijos no han cumplido la función que corresponde porque sino se liberarían de ello. La verdad que esto sucede y uno lo ve cuando los hijos están bien, ahí uno puede relajarse y dejar que se vayan un poco. El padre como funcionario funciona como un significante amo que ordena en su función regulando y metaforizando el deseo y la ley. Y cuando cumple la función se libera de la obligación contraída. Un padre lo es entonces cuando se hace funcionario de su cargo que lo preexiste y se libera de él cuando cumple su función. Sino cumple esta función está esclavizado a la impotencia que la función le imprime. Y si este cargo es ocupado por la impostura, la impostura del padre, retornará en el fracaso de su descendencia simbólica con sus enfermedades mentales que nos presenta la ruptura del lazo social bajo diferentes formas posibles: las adicciones, ataques de pánico, anorexia, aumento del malestar social y en algún extremo la debilidad mental.

En el camino de la pluralización del nombre-del-padre Lacan también es llevado a la investigación de otra cuestión que es la pluralización del goce. Así empieza a trabajar desde esta perspectiva una clínica totalmente por fuera de lo que sería el sentido a una clínica de la ruptura. Trabajar entonces el inconsciente no del lado del sentido que hay en la idea freudiana de hacer consciente todo lo inconsciente, porque en el pasaje de lo inconsciente a lo consciente lo que planteaba Freud es que hay satisfacción y la posibilidad de un nuevo amor, de una nueva vida. Para Freud, todo lo inconsciente que no había sido significado para el sujeto con una claridad genera al nivel de los síntomas el malestar. Para Lacan se podrá hacer mucho con esta cuestión de dar todo ese sentido pero hay algo que se escapa, que está más allá de ese real.

Marcos Pelizzari: Bueno, damos un espacio para hacer preguntas y comentarios. A mi me interesaba rescatar una cuestión, que quizá no la tocamos muy a fondo y que podemos tratar mediante el caso, la cuestión de cómo Lacan va construyendo el concepto de goce y lo real llegando después al “no hay relación sexual”. Y cómo este cambio en relación al concepto de goce y lo real, de un real que se precipita y cómo puede ser tratado por lo simbólico, nos convoca a interrogarnos acerca de la posición del analista. El lugar que ocupamos frente a un sujeto que tiene que hacer con el “no hay relación sexual”. Me interesaba entonces rescatar esta cuestión que implica un cambio en la clínica, como vos señalabas; pensar nuestra posición, nuestro lugar de analistas. Porque el seminario XI, al que vos hacías referencia, está atravesado por el tema del deseo del analista, qué es el deseo del analista, cual es la posición del analista y su deseo, lo que luego va a trabajar como discurso del analista. Me interesaba esto, además, para pensar la clínica frente al síntoma contemporáneo.

Delfín Leguizamón: Hay una cuestión de la clínica que se plantea en esta construcción del síntoma, el síntoma como solución o el síntoma no sólo del lado del sentido. Porque también hay toda una manera de pensar la clínica, que lo habíamos planteado la jornada anterior, frente a los ideales de salud y cómo estos ideales para la medicina están del lado del silencio de los órganos. Para la medicina la salud es el silencio de los órganos, cuando los órganos hablan hay que callarlos rápidamente. El concepto freudiano es a la inversa y retomado por Lacan llega a un extremo: si lo órganos hablan a través de los síntomas, pensando en el inconsciente, se trata no de hacerlos callar sino de escucharlos para saber qué es lo que dicen. Para Lacan, releyendo a Freud, los síntomas siempre llegan en un punto a decir lo mismo: no hay relación sexual y el sujeto se inventa algo para poder hacer con ese punto de imposibilidad, haciendo el pasaje de la impotencia a la imposibilidad ubicando al sujeto en otra posición. Pero para la normativa social el síntoma debe ser rápidamente excluido porque genera la disfuncionalidad. Entonces importa la condición de que frente a la manifestación de un problema es necesario resolverlo rápidamente sacando de escena el problema. Por ejemplo lo que hablábamos hoy, un niño en un aula que molesta o provoca disturbios por inquietud o lo que sea hay que sacarlo rápidamente de escena y así tranquilizaría sistema educación de esa aula. También tenemos al campeón de natación que había sido diagnosticado con ADD, medicado con Ritalina porque era demasiado inquieto. Pero el mismo chico con alguna lucidez -y la misma madre con alguna apertura de su oído- plantea que en vez que le den la medicación y que sus compañeros lo carguen diciendo que toma la medicación y que es el problema de aula, lo lleven a nadar. La madre lo lleva a nadar “por loco” y se transforma en el nadador más rápido por haber sabido hacer algo más con ese síntoma que se escucha, darle otro sentido. Pero ahí hay un tratamiento que ubica al síntoma, no del lado de lo que no funciona sino del lado de una particular manera de funcionar. Lo que importa de esto es lo que Freud se pregunta y es lo que descubre del síntoma: que el sujeto se tiene que curar de ese síntoma pero cuando va a ser curado del síntoma encuentra que el mismo sujeto lo retiene. Esto es la condición de goce. Es decir, si el síntoma es una solución, no es una solución a una manera de gozar. Si vamos a curar a un sujeto del síntoma es porque no sabemos nada del goce. Por ejemplo todos los programas contra las adicciones. Los programas gubernamentales de las adicciones escriben: “la droga mata”; y los adictos dicen: “pero tengo tiempo” (risas). Es un graffiti, “La droga mata lentamente, no importa, tengo tiempo…”. Lo que no se puede desconocer, lo que el psicoanálisis viene a decir con Freud y Lacan, es que no hay que olvidarse de la condición de goce que está sosteniendo ese síntoma porque hay algo en la condición de goce que es invariable. Si hay algo que no vamos a poder variar es que el goce continúe en su circuito. En todo caso se tratará de ver de qué manera el goce puede ser ligado a algo que tenga otro sentido. Entonces hay varias opciones. Freud ya hablaba de la sublimación, es decir la manera en que un sujeto pueda –ya que la relación sexual no existe- dirigir toda su moción sexual hacia un lugar en el que pueda tener un encuentro. “Como no me la puedo coger a la señorita porque no hay manera del encuentro absoluto, ya que seguramente la señorita va a decir algo que será disfuncional o yo voy a esperar alguna dificultad de la disfuncionalidad, es mucho mejor ser un cura de encierro y dedicarse a la pintar una obra maravillosa.” Lo que plantea Lacan es que la sublimación no termina armándose así. La sublimación no puede vaciar absolutamente el goce y, además, el goce retorna. Pero la idea de obtener una manera distinta sí la sigue Lacan, plantea que el sujeto se ha inventado con el síntoma una manera de hacer con el real. El síntoma mismo es una manera de hacer con ese real en juego. Entonces lo que plantea es cómo hacer para que frente a ese síntoma se pueda captar la condición de goce pero desligándolo en todo caso de los inconvenientes que el síntoma plantea. Siguiendo esto Lacan llega a hablar, al final de su enseñanza, de la identificación al síntoma. Tema que es una locura pensarlo en términos de Freud si no se hace el desarrollo para poder desentrañar qué es lo que está en juego, la condición de goce. Con Freud, el sujeto se tenía que desembarazar del síntoma con sólo escucharlo. En la medicina al síntoma hay que callarlo. De hecho uno va al médico y al se le dice qué es lo que duele: “tengo acidez porque mi marido me trata mal”; y el médico dice: “no, usted tiene acidez y tiene que tomar antiácido; si tiene problemas con su marido tome Alplax o un antidepresivo…”. Mientras Freud escuchaba: Tengo acidez. – Y por qué tiene acidez? – Porque de niño he sido mal querido… – Ah! Ha-sido, asido, ácido! Bien el ácido ha sido acidez, plum! - Ya no tengo más acidez… Tiene otra condición. Pero Freud no era tonto, sabía de la roca de la castración y de un punto inanalizable. Pero la estructura que genera Lacan en el desarrollo freudiano es otra manera de descubrir, que también lo plantea Freud en la última época, un invariable en el sujeto. Hay un texto de Freud, fundamental para Lacan, que es La interpretación de los sueños. Este texto publicado por el 1900 siempre fue un texto abierto al trabajo de reescritura, cada vez que se escribía una actualización o un comentario se lo publicaba en las ediciones subsiguientes. Se publicaron todas las actualizaciones excepto una que Jones no quiere publicar porque la considera anticientífica. Se trata de tres textos de Freud: El sentido oculto de los sueños; Sueño y telepatía… (inaudible). Lo que dice ahí Freud es que hay un decir invariable del sujeto y esto lo que retoma Lacan para pensar en lo invariable, entonces ubica lo invariable en algo de ese goce, en lo real. Con lo cual para pensar la condición síntoma empieza a tener una cierta lógica en donde si lo real atraviesa toda la vida del sujeto, si hay una condición de goce que es invariable, va a pensar Lacan entonces que la interpretación tendría que también poder atravesar toda la cura en alguna resonancia. Es decir, la buena interpretación atravesaría toda la cura del sujeto. De hecho los casos que se dan y que uno puede comentar de sujetos que han transitado quince años de análisis. ¡Quince años por Dios! Dos veces por semana durante quince años y se trata de sujetos que hablan de más o menos lo mismo, con variables pero siempre en un punto similar. Entonces la condición de goce permite, cuando se la escucha, verificar si el sujeto puede arrimar, con esa condición de goce, a una nueva manera; a una nueva relación al goce que atempere los efectos mortificantes de ese goce. Con el caso que va a presentar Luciana vamos a poder discutir mejor estos puntos.

Fin de la conferencia.

(Continúa el debate y la discusión clínica a partir del caso presentado por la Lic. Luciana Varela.)

viernes, 6 de agosto de 2010

Jornada Sábado 21 de agosto de 2010 “Síntomas actuales, viejas angustias” El psicoanálisis frente a las terapéuticas segregativas



El síntoma freudiano estuvo aferrado al Padre. Es el síntoma sostenido en el reino del sentido, mensaje cifrado para Un Padre, al Nombre del Padre, que en su función imposible se dirige a unir el deseo a la ley. Ya Lacan nos advertía de la degradación del Padre en su función. Nuestra época esta signada por su reducción y los efectos de su decadencia en la subjetividad de la época. Lo leemos en los síntomas contemporáneos, los nuevos síntomas como paradigmas del rechazo del saber cristalizado en rechazo al inconsciente. Son síntomas que no piden su descifrado, solo nos muestran su salvaje condición de goce, y el retorno devastador de la angustia sin resortes.
Continuaremos trabajando sobre casos clínicos y pensando los síntomas actuales, aquellos que se encuentran por fuera del cifrado clásico y que resisten a la interpretación reniegan de un saber. El psicoanálisis sigue siendo la mejor opción frente al malestar en la civilización.

viernes, 11 de junio de 2010

La traición de la tradición

Traición es renegar con dichos o acciones (sean estas voluntarias o involuntarias), un compromiso de lealtad hacia una idea, asociación, o grupo de pertenencia.

Familiarmente, la traición consiste en defraudar a familia, amigos, grupo étnico, religión, u otro grupo al cual pueda pertenecerse, haciendo contrariamente a los que los otros esperan.

Las tradiciones son como el agua que nos permite nadar por la vida como quien no hace nada, sin tener que inventar cada vez una manera de celebrar los grandes momentos de nuestra vida.

“…En el colegio primario descubrí los primeros brotes de una violencia que nunca dejé de odiar. Esa sistemática humillación de todo lo que fuera débil o sensible, que unía en una sola horda a grupos, grados, colegios enteros, contra los gordos o raquíticos, los petisos o delicados, me aterro siempre. De alguna manera, esa imagen se identifico para mi con la de una generación entera, a la que nunca pude perdonar su incapacidad para comprender lo que no se le parece…” Manuel Puig

Estos textos intentan un contrapunto para emprender el recorrido del primer libro de Manuel Puig “La traición de Rita Hayworth” la historia de una familia de clase media de un pueblo de La Pampa en los años cuarenta, dónde Toto, su protagonista, es un niño al igual que Manuel Puig en su infancia, que ante la ausencia de todo paisaje, ante la chatura y la tradición de su pueblo intentan en el cine una traición que los salve, que de ese llano pampeano aflore la imaginación que los ilumine, las diferentes ficciones, las del cine y las inventadas, que permitan proyectar las fantasías singulares.

Rita Hayworth traiciona, es bella, es la más bella para Baldo el padre de Toto, y la más traicionera “…cara linda y traicionera…” cono si la belleza pudiera ser de otra manera, pudiera tener otra cara, cómo dice Lacan en el Seminario 7 cuando habla de lo bello en su función singular con respecto al deseo, contrariamente al bien y en ese sentido no nos engaña, nos despierta, y en su otra cara acomodaticia en el deseo en tanto ligada a él en cierta estructura de engaños.

La novela de Puig tiene estas dos caras, en cuanto Manuel, el artista sabe dar bella forma al deseo o deseos prohibidos de ese niño y la gente de ese pueblo, las mujeres que desean amor, sexo, romance, ávidas de entregas de folletines en papel o en cualquier forastero que se presente diferente e intrigante, por que viene “del otro lado” de esa pantalla, cine o geografía, que es un limite que abre al deseo. Pero también muestra la cara pérfida de Rita Hayworth que de la ensoñación de la bondad y las fantasías con finales felices pasa a la cruda realidad, el último velo que se descorre también es el más ensordecedor, los monólogos parecen intentos desaforados de colmar el silencio, de ahuyentar la muerte tan presente, de escapar del polvo seco que todo lo vuelve igual a los colores de las palabras.

Freud cita a Kant “la imaginación crea inclinaciones desacordes con la naturaleza” lo que hace Manuel en su libro, la naturaleza está perdida, ha sido traicionada, a él y a Toto le quedan los castillos en el aire, las ficciones que no solo inventan otro presente sino que buscan corregir un pasado. Manuel vuelve a General Villegas en el Toto de Coronel Vallejos y como dice Piglia “ficcionaliza lo testimonial y borra sus huellas”. La tradición, el pueblo con sus ritos, ceremonias, falsa moral ha sido traicionado por alguien que fue a su vez protagonista del dolor de ser diferente, con esa diferencia Manuel inventa otra historia, como lo hace hacer a Toto al cambiar las películas, al decir las propias suyas, el cine es un recurso, para ambos de “pantallar” las tradiciones e historias familiares.

En el interés para la ciencia del arte Freud nos habla de las creaciones artísticas como “el reino intermedio entre la realidad que deniega los deseos y el mundo de fantasía que los cumple, un ámbito en el cual, por así decir, han permanecido en vigor los afanes de omnipotencia de la humanidad primitiva” Esto está presente en la novela, presente en su manera más pura, es una fantasía del autor donde el personaje fantasea a la vez ¿Qué pasa con la omnipotencia ahí? ¿Es un recurso que salva y condena que sólo no es posible? ¿Salvo que Toto se hiciera escritor?

Toto, Manuel se han retirado de la realidad efectiva, de Vallejos, de Villegas, al ámbito de la fantasía pero Manuel de la mano de Toto puede volver a la realidad fáctica, Toto es el hilo de Ariadna que Manuel encuentra para ocupar su lugar en el mundo, es escritor, y en sus obras artísticas el pasado es un trampolín que le da un nombre donde relanzar sus humillaciones infantiles y pueblerinas en una obra literaria que al acercarse a la historia y las anécdotas se aleja para volverse otra, otra película sobre la misma historia, una remake que nunca será original, una traición a la primera versión, que desde una posición política sin panfleto le permite vengarse de la incapacidad de aquellos que no comprenden lo que no se les parece, entre ellos, su padre, figura central en la vida de Manuel y de Toto, preocupado en sus negocios, sus cálculos y sus propias traiciones.

Es como si Manuel supiera, intuyera que la belleza de su obra es la única manera de hacer su confesión, de autoliberarse a través de esta vestimenta, de este adorno de oro, de “duelar” su historia, sabiendo también lo que se esconde allí mismo, lo real que se avista en la trama de la tela, lo que no puede ser dicho sino en el recorrido del tejido de palabras que mantienen la mujer araña dormida.



Lic. Karina Inés Castro
(ICBA - Buenos Aires)

jueves, 13 de mayo de 2010

Encuentro Sábado 15 de mayo "La Toxicomanía en la clínica actual"


Desde el psicoanálisis nos ubicamos en el lugar de crear el inconciente, hacer existir al inconsciente allí donde se encuentra rechazado por el goce toxicómano. La solución de la toxicomanía, solución distinta a la del síntoma, es en sí mismo rechazo del inconsciente. El analista lacaniano propone la oferta de hacer existir el síntoma como una respuesta eficaz diferenciándose así de las terapias de rehabilitación que proponen la abolición sintomática, y demostrando su utilidad pública brindando una respuesta novedosa frente a la pasión por la ignorancia, que en su rechazo del saber, el uso de sustancias promueve.
Dentro del marco del los seminarios que venimos realizando invitamos a este encuentro continuando con la apuesta de pensar la clínica psicoanalítica dando espacio a la discusión clínica a partir de viñetas y casos.





Jornadas Anteriores

















viernes, 26 de marzo de 2010

Participamos activamente en la semana de la memoria

La verdad es la única realidad

Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o
de la producción.
Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el angelus eterno y siniestro en una brigada de policía
cualquiera
son parte de la memoria, no suponen necesariamente
el presente, pero pertenecen a la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso
cubriendo la Patagonia
porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad, como
la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marcha
hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse,
a rescatar lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la realidad.


Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973

Paco Urondo

jueves, 17 de diciembre de 2009

De la creación y la invención

¿Qué relación podemos establecer entre creación, producción e invención? ¿Qué es un producto? ¿Hay invención en la psicosis? Y luego nos preguntamos: ¿Cuáles son las implicancias subjetivas de una producción?; ¿Qué connotación adquiere el acto de producir en el marco de los cuatro discurso elaborados por Lacan? ¿Tiene esto algún efecto en el lazo social?

La creación

Según J. Ferrater Mora (1994) en su diccionario de filosofía, puede entenderse el término creación en cuatro sentidos.
1. Producción humana de algo a partir de alguna realidad preexistente, pero en tal forma que lo producido no se halle necesariamente en tal realidad;
2. producción natural de algo a partir de algo preexistente, pero sin que el efecto esté incluido en la causa, o sin que haya estricta necesidad de tal efecto;
3. producción divina de algo a partir de una realidad preexistente, resultando un orden o un cosmos de un anterior caos;
4. producción divina de algo a partir de la nada o creatio ex nihilo.
Y continúa diciendo:
“El sentido 1) es el que se da usualmente a la producción humana de bienes culturales, y muy en particular a la producción o creación artística. Este sentido ha estado ligado con frecuencia, cuando menos en la historia de la filosofía occidental, y en particular a partir del cristianismo, a los sentidos 3) y 4). El creador, y más específicamente el artista, han sido a veces comparados con un demiurgo y a veces con un Dios (con un Dios, sin embargo, finito, y sólo capaz de producir cosas finitas, por valiosas y hasta sublimas que fuesen). Puede hablarse en este respecto de una gran analogía como consecuencia de los intentos de explicación de la actividad estética a base de una comparación de esta actividad con la divina. Esta explicación ha sido doble: por un lado se ha comparado al artista y a Dios como creadores en el sentido4); por el otro, se los ha comparado con productores o hacedores en el sentido 3). Los problemas que ha suscitado la noción de creación en el sentido 1) han sido múltiples, pero se han centrado por lo común en los niveles siguientes: psicológicos, estéticos (y axiológico) y teológico. “ (…)
“El sentido 2) ha sido usado especialmente por autores que han dado ciertas interpretaciones a la evolución del mundo y especialmente de las especies biológicas. (…)
“El sentido 3) es el que tiene la creación cuando se interpreta en la forma de un demiurgo de tipo platónico. También se puede incluir en este sentido la noción de emanación, pero entonces hay que introducir modificaciones sustanciales. En cuanto al sentido 4), es el que ha sido considerado más propio dentro de la tradición hebreo-cristiana y a él nos referiremos en con particular detalle en el transcurso del presente artículo. Nos ocuparemos en éste sobre todo de las discusiones en torno al concepto de creación de la nada… (…)
La creación en el sentido de una producción original de algo, pero a base de alguna realidad preexistente, fue ampliamente tratada por los griegos. Éstos no podían admitir –y de hecho, concebir- otra forma de creación, de acuerdo con el principio ex nihilo nihil fit. A esa producción la llamaron los griegos poesía, obra, producción. Podía tener lugar de diversas formas y en diversas realidades (como producción del universo, de los seres orgánicos, de objetos ingeniados por el hombre, etc.). Cuando la producción tenía lugar en el pensamiento se topaban con ciertas dificultades: producir un pensamiento no parece lo mismo que producir un objeto. Sin embargo, los griegos procuraron entender un modo de producción a partir del otro. Algunos –epicúreos, en parte estoicos- trataron de explicar la producción del pensamiento por analogía con la producción de cosas. Otros –los neoplatónicos principalmente- siguieron el camino inverso. Esta última concepción se extendió rápidamente al final del mundo antiguo… (…) Ello desembocó en una idea de producción o creación como emanación. Desde Aristóteles a Plotino se abrió paso el modo de consideración de la causalidad ejemplar –y a la vez genética- en la representación de la producción de las realidades a partir de un primer principio, de un primum mobile de Lo Uno. Hay una importante diferencia entre estos modos de producción y la creación de sentido cristiano. El pensamiento griego nunca llega a la idea de hebreo-cristina de creación como creatio ex nihilo. Esta última idea no debe, pues, nada al pensamiento griego, si bien luego se haya utilizado ampliamente éste con el fin de explicitarla. En cambio, en la tradición hebreo-cristiana la idea de creación como creación de la nada es central. (…)
Pero la teología no pudo limitarse simplemente a aceptar la creatio ex nihilo; necesitó precisar hasta lo máximo esta noción frente a las que podrían confundirse con ella. De ahí un análisis cada vez más detallado de la creación como una forma radical de producción, a diferencia de la procesión, de la emanación o de la simple transformación. (…)
Considerando ahora de nuevo la noción de creación tal como ha sido tratada por los filósofos y teólogos, y refiriéndonos especialmente a la cuestión de la relación entre una creación divina y una humana –o, si se quiere, entre creación y producción-, estimamos que hay entre estas dos nociones una relación que podría llamarse dialéctica. Tan pronto como intentamos comprender una, caemos fácilmente en la otra. De algún modo la creación humana sólo puede ser comprendida cuando hay en ella algo de lo que puede considerarse como creación divina; esto es, cuando estimamos que algo realmente se crea en vez de limitarse a plasmarse o a transformarse. La creación artística proporciona el mejor ejemplo de esta relación. Al mismo tiempo, la creación divina de la nada no parece entenderse bien si no la consideramos a la vez desde el punto de vista de una de una plasmación o producción. En consecuencia, parece legítimo ir de la noción de producción a la de creación y viceversa para entender cualquiera de ellas.
Este procedimiento tiene la ventaja de que permite esquivar algunas de la paradojas que suscitan las nociones de referencias. En efecto, cuando intentamos entender la creación en su sentido más radical, tenemos que concluir que no consiste solamente en crear algo, sino también en crear la posibilidad de esta posibilidad, y así sucesivamente. Por otro lado, cuando procuramos entender la noción de producción sin ningún elemento de creación propiamente dicha, se desvanece toda posible novedad y, por lo tanto, la idea de producción misma. Es posible, por supuesto, admitir ciertos intermediarios (que, en ciertas teorías suelen ser los modelos o las ideas). Pero entonces hay que suponer el primado del acto creador o productor. También es posible tratar la creación y la producción como la aparición de algo emergente, es decir, de algo nuevo con respecto a lo anterior, pero, al mismo tiempo, procediendo de lo anterior. Sin embargo, esta última posición tiene el inconveniente de ser más una descripción de hechos que una teoría explicativa, por lo que preferimos la antes formulada.” (Pág.714-716).

La creación y la invención desde la perspectiva del psicoanálisis

Todas estas consideraciones nos son, desde ya, muy útiles. Pero en la orientación lacaniana, y más precisamente en la clínica, se piensa siempre al sujeto en relación a un goce. Es por esto que nos distanciamos de la perspectiva filosófica que planeta para el sujeto un ideal a alcanzar: el goce de la perfección de la totalidad del ser. Nos distanciamos de esta posición para pensar al sujeto no como una esencia ni como una sustancia, sino como un lugar. De esta manera, la relación que establecía la filosofía entre sujeto y objeto es invertida al introducir el concepto de goce. En “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconciente freudiano” (1960), publicado en Escritos (1966), Lacan desarrolla la relación entre sujeto y objeto e introduciendo el concepto de goce nos dice que desde el principio el goce intrincado en el lenguaje está marcado por la falta y no por la plenitud del Ser. A partir del momento en que hablamos, en tanto hombres ya no somos ni esencia ni existencia, sino “seres-hablantes” (parletres). El ser entonces es un efecto de lenguaje. Habitamos el lenguaje, el hombre se especifica por habitar el lenguaje, como nos enseña Heidegger, y así alcanzamos nuestro ser.
Es desde esta perspectiva que nos interesa puntualizar el concepto de invención. Jacques-Alain Miller (2002), en su artículo “La invención psicótica” nos invita a pensar –a partir de la de la diferencia entre creación, descubrimiento e invención- la pertinencia del término invención tratándose de la psicosis. Nos dice: “El término invención se opone naturalmente al de creación. El acento propio de la creación es –seamos tautológicos su carácter creacionista. La creación pone el acento sobre la invención ex nihilo, a partir de nada. Es el acento teológico de la palabra creación. Hay seguramente una zona semántica común entre invención y creación. La invención se opone más fácilmente al descubrimiento. Se descubre lo que ya está ahí, se inventa lo que no está. Es por ahí que la invención es pariente de la creación. Pero el acento del término “invención” es en este caso una creación a partir de materiales existentes. Le daré de buen grado a la invención el valor del bricolage.” (Pág.1)

La invención.

Dominique Miller(2007)), nos dice a propósito de la invención:
“La invención es el Padre. Es lo que se incuba debajo de las creencias, y que las invenciones científicas ponen al descubierto: no es Dios quien ha inventado la religión, ¡es la religión la que ha inventado a Dios! Los hombres han inventado al Padre para fundamentarse, para fundar su existencia y su razón de ser. Hacía falta un nombre para los hijos, y fue el Nombre del Padre. El padre es un semblante, mezcla de ficción y símbolo.” (…)
“Otro psicoanalista, Jacques Lacan, ha concluido definitivamente que el padre es una invención: los seres conquistan un equilibrio con el Padre o sin el Padre. Sea que los sujetos se hagan hijos de un Padre, sea que se inventan otra causalidad. Estos últimos se inscriben del lado de la psicosis. Esto llevó a Lacan a decir que los neuróticos son creyentes. Los neuróticos creen, los psicóticos deliran.” (…) “Para conseguir un equilibrio entre el goce y el lenguaje no hay sólo el sacro santo Nombre del Padre. Otros nombres de padre pueden tener ese rol. Lo importante es no errar. Cada uno debe ser incauto en su propia invención, a cada uno pues, su invención, a cada uno, su síntoma.”
Estos síntomas fuera del nombre del padre, Lacan los designa como sinthomes. Y termina diciendo:
“Luego, si todos necesitamos inventarnos un padre, el nuestro u otro, es para liberarnos de nuestra condición de desechos, nuestra condición de “abortos”, como decía Lacan. No abandonemos tan rápido este semblante, puesto que nos permite darle la vuelta, cual guante, a este destino funesto y, hacer de este desecho, que se pretende olvidar, la causa de nuestro deseo.” En Revista Lacaniana 5/6: “Los nombres del padre” (Pág. 220)
Al ser convocado el sujeto a ocupar otro lugar que el de objeto, en tanto neurótico dispone de una solución fija pero pobre, tiene el “auxilio del discurso establecido”, como dice Lacan. Con este discurso establecido el neurótico tiene un órgano sexual, siente placer, puede hacer lazo con el Otro. El sujeto psicótico no está en el discurso. Es por esto que, al no disponer de este recurso como el neurótico, se las debe arreglar con sus propios recursos para inventar un modo de habitar el lenguaje. A través de ese modo propio y singular se constituye el sinthome.

La invención, una vía para la suplencia

El producto logrado, obtenido, es un objeto que circula y que resta goce. La invención (no creación) de un objeto implica una cesión de goce, pasar de una posición pasiva respecto a ese goce parasitario a una posición activa. Pues esa producción sublimatoria, produce un cambio en la economía de goce en tanto genera una pérdida. Se realiza entonces un pasaje por un Otro que no es de goce, un Otro gozador. Admitiéndose la función de un Otro que acota goce y da un marco legal dentro del cual la producción subjetiva es posible. Una vez creado este espacio, este campo abierto a lo nuevo, los recursos y estilos son los que comandan la producción. Pero que se haya creado este espacio, implica que el paciente entró en el discurso analítico. La entrada en este discurso se cristaliza en la producción subjetiva y se traduce en un cambio de posición con respecto al goce y por lo tanto una modificación de este. Es allí donde se puede observar en detalle la marca subjetiva, el producto patentado, el sello y firma que identifica a su productor-inventor, para que circule como objeto de intercambio con un valor subjetivo único. Muchas experiencias muestran que la inserción o reinserción social encuentran una vía fructífera por este sesgo; puesto que inaugura un nuevo lazo al Otro. Se genera así un circuito de recorrido pulsional más extenso y rico, con transformaciones y objetos diversos que circulan por una alteridad, otros lugares y sujetos, que otorgan reconocimiento. De esta manera se crea no sólo un nuevo lazo al Otro sino también un nuevo Otro en el sentido del logro de una rectificación de ese Otro de goce mortificante. De este tipo son las invenciones paranoicas que pertenecen a un registro diferente del de las invenciones esquizofrénicas. Aquellas recaen esencialmente sobre el lazo social, pues el paranoico no es el problema de la relación al cuerpo u órgano que no está tomado en un discurso establecido como lo es para el esquizofrénico, sino el problema de la relación al Otro. Entonces, él se ve llevado a inventar una relación al Otro o un nuevo gran Otro inédito como lo ha hecho Jean Jacques Rousseau con su libro “El contrato social”.
Otro tipo son las invenciones de un pequeño punto de capitón, como una identificación, que por más pequeño que sea constituyen verdaderas suturas de las fallas de lo imaginario. Es muy común en la actividad grupal donde las identificaciones juegan un papel muy importante para cada sujeto, para el grupo y para el trabajo.

Producción, sublimación y suplencia

En el momento de desarrollar el concepto de sublimación Freud se encontró con múltiples problemas a resolver, algunos no los resolvió nunca siendo Lacan quien retomando este concepto freudiano diera una vuelta conceptual con solidez teórica.
Desde el inicio, para Freud la sublimación implicaba un destino posible de la pulsión junto a la transformación en lo contrario, la vuelta a la propia persona y la represión. Siempre el elemento real en juego en la sublimación es la pulsión de manera que se vuelve enigmático este concepto cuando se ve que la satisfacción que se logra es sin represión, o sea una satisfacción diferente a la lograda en el síntoma neurótico. Ya el mismo Freud hablaba de la doble tendencia que anima a la pulsión. Por un lado su carácter plástico, es decir que puede haber movilidad en el sentido la satisfacción realizada a través de desplazamientos. Y, por otro lado, la fijeza de la pulsión que pone un límite su plasticidad. Siempre hay algo que no puede ser sublimado, las pulsiones no pueden ser íntegramente sublimadas. En este sentido se habla del goce como fijeza pulsional sin posibilidad de desplazamiento. Pues esto lo hemos escuchado repetidas veces en nuestra práctica y sobretodo en la actividad de los talleres. Pacientes que se encuentran tan tomados por su síntoma, por el goce, que se chocan con la incapacidad de realizar una actividad productiva o realizan siempre el mismo objeto siguiendo la misma idea repetida. Pues en el objeto producido se reflejan no sólo los recursos del paciente sino también su deseo o falta de deseo en juego.
La sublimación implica un movimiento plástico transformativo. El destino sublimatorio de la pulsión está acompañado siempre por un elemento de renuncia, por una cesión de goce. Es por esto que sólo el deseo es capaz de motorizar, generar movilidad y cambio en la satisfacción. Mientras que el goce mantiene un estancamiento o fijeza en la satisfacción pulsional. En la práctica se es testigo de cómo un sujeto que comienzan a producir, a estar en relación a un producto-objeto y enlazado a un Otro, cambia su economía libidinal de manera notoria, provocando además cambios en la dinámica del grupo de pertenencia. Lo que Freud nos enseñó entonces es que no se comprende una tendencia sin la otra. Siempre existe una tensión sin resolución entre la movilidad, el desplazamiento significante, lo simbólico por un lado; y la fijeza, el sentido gozado, la adherencia a lo real ¿No es acaso de la misma forma como surge y se estructura el conflicto psíquico, como una tensión, una dialéctica sin resolución, inmanente a la vida misma?
En el seminario “La ética del psicoanálisis” (Seminario VII, 1959), Lacan hace una relectura del concepto de sublimación haciendo referencia a la relación entre sublimación y padre como estrechados en un anudamiento radical. De este modo el recurso estructurante de la potencia paterna posibilita la sublimación. Sin sublimación hay adherencia nirvánica a la Cosa materna, hay imposición de un real que exige una repetición maldita de lo mismo. Aquí Lacan insiste en presentar la sublimación no sólo como una transformación de la pulsión sexual, sino como principio mismo de toda transformación subjetiva: la sublimación lacaniana no es tanto sublimación sino sublimación de la imago materna que obstaculiza la creación de lo nuevo, de “nuevas relaciones en relación al grupo social” como expresa Lacan mismo en su libro “Los complejos familiares en la formación del individuo”.
Al tratar la sublimación artística el psicoanalista italiano Máximo Recalcati nos dice: “…ocupa el vacío abismal de das Ding no a través de un absoluto, la Madre o la Ley, sino a través de una pluralidad posible de objetos imaginarios. La sublimación artística pareciera ponerse por afuera de las paradojas de la transgresión que vinculan la Ley y el goce, ya que el goce de la creación prescinde de la relación con la ley. En la sublimación artística el sujeto se enfrenta con el vacío de la Cosa más que con la ley. Podemos así evocar la fórmula elemental de la sublimación según Lacan: “elevación del objeto a a la dignidad de la Cosa”. En la sublimación artística el objeto de arte deviene un objeto imaginario que se coloca, por vía de una elevación simbólica, en el lugar vacío de lo real de la Cosa.” (Pág. 50).
Aquí, en esta última idea, se volvería entonces a la conocida definición freudiana de la sublimación que consiste en el cambio de la meta sexual por una meta más elevada y de mayor valor social.
Llegamos así a una equivalencia entre la relación de suplencia y la relación de sublimación. Freud elabora la noción de sublimación como un cambio de objeto. Lacan va a abordar a la sublimación como un cambio en el objeto, “el objeto a elevado a la dignidad de la Cosa”. Este punto decisivo permite entender que si la sublimación se redujese a un cambio de objeto, la realidad de los objetos permanecería inalterada y en tal caso no habría suplencia, no habría exceso: el objeto de amor, por ejemplo, sería plena y directamente inscribible en el universo simbólico. Pero lo que la suplencia nombra no es un objeto sino la imposibilidad, el obstáculo a su constitución.

Marcos Pelizzari

Poesía, escritura y angustia

La escritura tiene particular importancia en tanto producción. Cada escrito es una producción única que abre el campo de acceso a lo simbólico y la relación con lo real.

Escribir, inscribir, transformar lo real, ceder goce, crear un cuerpo, despertar deseo. Sabemos que el lenguaje no capta lo real, pero las palabras, el significante, pueden ser utilizados para una nueva relación simbólica con lo real. Que la lengua llegue a ser un instrumento para, y no ser instrumento del la lengua.

Partimos de la siguiente hipótesis: “La angustia interviene en la poiesis del sujeto”. Pero, ¿cómo?, ¿de qué manera? Veamos antes la noción de poética tal como ha sido concebida por la filosofía. En el diccionario de filosofía Ferrater Mora, J (1994) se ha encontrado:

“En cuanto a la obra literaria, algunos autores se enfrentan con el problema de la distinción de los lenguajes en dos tipos: el lenguaje llamado cognoscitivo, propio de la obra científica, y el lenguaje llamado emotivo, propio de la obra literaria y, en general artística. Mientras el primero tiene una función informativa, el segundo tiene una función expresiva. (…) Teniendo en cuenta lo apuntado se ha planteado otro problema, cuyo tratamiento ha permitido un mayor conocimiento de la estructura de la obra literaria desde el punto de vista del lenguaje. Es el siguiente: paralelamente a la distinción antes mencionada, algunos autores han llegado a la conclusión de que, puesto que el lenguaje poético es acabado en sí mismo, su estudio consiste esencialmente en el análisis de sus estructuras sintácticas. Éstas están constituidas por elementos tales como los modelos de lenguaje, las curvas rítmicas, etc. En otras palabras, el lenguaje poético debería ser estudiado, según ello, como si sus expresiones carecieran de significación y, por lo tanto, de dimensión semántica. Ahora bien, se ha advertido pronto que la dimensión semántica no solamente no puede ser eliminada de la poesía, sino que constituye su característica más destacada. Esto quiere decir que una expresión poética en vez de no decir nada dice, por el contrario, muchas cosas. Tal condición se debe en parte principal al hecho de que el lenguaje poético es primordialmente implícito, en tanto que el que el lenguaje científico es, o tiende a ser, explícito. Pero, además, se debe al hecho de que las expresiones del lenguaje poético no se desarrollan, por así decirlo, sobre una sola línea semántica, sino que están entrecruzadas por diversas líneas semánticas. En suma, la expresión poética no tiene, como la científica, una, ni, como la puramente exclamativa, ninguna significación, sino que posee multitud de significaciones. Cuando el poeta habla de los objetos de la Naturaleza como si fueran personificados, no se limita a expresar una concepción antropomórfica de la Naturaleza, ni como una pura reacción personal, sino que la ve como una que no puede de una sola manera, precisamente porque está llena de virtualidades que el científico forzosamente, y legítimamente, desconoce. Por eso puede decirse que el lenguaje poético es más rico que el científico, si bien esta riqueza está conseguida a base del sacrificio de una virtud que el científico aprecia por encima de muchas otras: la precisión –unisignificativa- de la expresión.

Entre los pensadores griegos el verbo significó originariamente “hacer”, “fabricar”, “producir”. En este sentido, podría usarse el término poética para designar la doctrina relativa a todo hacer (a diferencia, por ejemplo, de `noética´, que puede designar la doctrina relativa a todo pensar, doctrina del pensamiento o de la inteligencia). Más específicamente significó crear algo con la palabra: lo creado así es el poema. (…) La poesía (o, si se quiere, el lenguaje poético) es la forma más elevada y a la vez más fundamental del hablar. Esta última opinión ha sido defendida, entre otros, por Heidegger, el cual considera la poesía o, si se quiere, el poetizar, no como el manejo de un lenguaje, sino como el fundamento de todo lenguaje, el cual se da, a su entender, dentro del ámbito del poetizar.” (Pág. 2609)

Al tratar el tema del creador literario y el fantaseo Freud (1908) nos dice:

“¿No deberíamos buscar ya en el niño las primeras huellas del quehacer poético? La ocupación preferida y más intensa del niño es el juego. Acaso tendríamos derecho a decir: todo niño juega o se comporta como un poeta, pues se crea un mundo propio, o mejor dicho, inserta las cosa de su mundo en un nuevo orden que le agrada. Además, sería injusto suponer que no toma en serio ese mundo; al contrario, toma muy en serio ese juego, emplea en él grandes montos de afectos. Lo opuesto al juego no es la seriedad sino… la realidad efectiva. (… ) Ahora bien, el poeta hace lo mismo que el niño que juega: crea un mundo de fantasía al que toma muy en serio, vale decir, lo dota de grandes montos de afectos, al tiempo que lo separa tajantemente de la realidad efectiva. (…) Ahora bien, de la irrealidad del mundo poético derivan muy importantes consecuencias para la técnica artística, pues muchas cosas que de ser reales no depararían goce pueden, empero, depararlo en el juego de la fantasía.” (pág. 127-128). Y continua diciendo: “El soñante diurno pone el mayor cuidado en ocultar sus fantasías de los demás porque registra motivos para avergonzarse de ellas. Ahora agrego que, aunque nos las comunicara, no podría depararnos placer algunos mediante esa revelación. Tales fantasías, si nos enteráramos de ellas, nos escandalizarían, o al menos nos dejarían fríos. En cambio, si el poeta juega sus juegos ante nosotros como su público, o nos refiere lo que nos inclinamos a declarar sus personales sueños diurnos, sentimos un elevado placer, que probablemente tenga tributarios de varias fuentes. Cómo la consigue, he ahí su más genuino secreto; en la técnica para superar aquel escándalo, que sin duda tienen que ver con las barreras que se levantan entre cada yo singular y los otros, reside la auténtica ars poética. Podemos colegir en esa técnica dos clases de recursos: El poeta atempera el carácter del sueño diurno egoísta mediante variaciones y encubrimientos, y nos soborna por medio de una ganancia de placer puramente formal, es decir, estética, que él nos brinda en la figuración de sus fantasías. A esa ganancia de placer que se nos ofrece para posibilitar con ella el desprendimiento de un placer mayor, proveniente de fuentes psíquicas situadas a mayor profundidad, la llamamos prima de incentivación o placer previo. Opino que todo placer estético que el poeta nos procura conlleva el carácter de ese placer previo, y que el goce genuino de la obra poética proviene de la liberación de tensiones en el interior de nuestra alma. Acaso contribuya en no menor medida a este resultado que el poeta nos habilite para gozar en lo sucesivo, sin remordimiento ni vergüenza algunos, de nuestras propias fantasías.” (pág. 135)

Hablando de Schreber, Lacan (1955) dice de la poesía:

“Podemos resumir la posición en que estamos respecto a su discurso cuando lo conocemos, diciendo que es sin duda escritor mas no poeta. Schreber no nos introduce a una nueva dimensión de la experiencia. Hay poesía cada vez que un escrito nos introduce en un mundo diferente al nuestro, y dándonos la presencia de un ser, de determinada relación fundamental, lo hace nuestro también. La poesía hace que no podamos dudar de la autenticidad de la experiencia de San Juan de la Cruz, ni de Proust, ni de Gérard de Nerval. La poesía es creación de un sujeto que asume un nuevo orden de relación simbólica con el mundo. No hay nada parecido en las memorias de Schreber.” (Pág. 114). Esta diferencia entre poeta y escritor permite ubicar algo del orden de la creación simbólica cuando de una producción poética se trata. Se diferencia absolutamente de lo utilitario y periodístico del lenguaje para abrir el acceso a un goce diferente. Moldear el lenguaje para dejar impreso el sello subjetivo con el significante como instrumento. La escritura así constituye una respuesta del sujeto a lo que hace síntoma.

Ciertos síntomas tienen una función de prótesis. Si lo imaginario se sustrae al cruce de lo simbólico y lo real, es posible anudarlo a estos dos últimos para evitar este derrape: se trata del cuarto redondel, que puede procurar un yo sustitutivo, una prótesis, mediante la escritura, como es el caso de la actividad de escritor de Joyce que Lacan trabaja en su seminario 23. El síntoma, dice Lacan, debe caer. Lo que no cae es el sinthome como cuarto redondel del nudo borromeo, pero se modifica, cambia para que sean posibles el goce y el deseo. Intento de hacer cesar esa falta que no cesa de no escribirse.


Marcos Pelizzari